“Entre cafés, historias y manos que crean”
En Madrid, a 14 de abril del 2026. Un café, muchas historias y un reto creativo. Familias que se encuentran, se apoyan y se inspiran. Y esta vez… ¡con libretas hechas a mano!, bajo la batuta de Rocío Hernando, encuadernadora y profesional de AFANIAS.
Fácil lectura
El lunes nos reunimos en el Café de AFANIAS.
Participaron familias de diferentes centros y servicios.
El Café de los lunes es un espacio para encontrarse.
Las familias hablan, comparten experiencias y se apoyan.
También es un momento para conocerse mejor y crear red.
Este encuentro fue especial.
Celebramos el Día del Libro, que es el 23 de abril.
Durante el café, hicimos una actividad creativa.
Las familias crearon una libreta artesanal.
Usamos papel, tijeras y otros materiales.
Todas las personas participaron.
Se ayudaron unas a otras.
Compartieron ideas y trabajaron en equipo.
El ambiente fue muy bonito.
Hubo risas, conversación y compañerismo.
Las libretas quedaron únicas.
Cada una es diferente y especial.
Este Café de los lunes nos recuerda algo importante:
compartir y apoyarse hace el camino más fácil.
Nos vemos en el próximo café.
Hay lunes… y luego están los lunes de café en AFANIAS. Esos que empiezan con charla, risas y ese ratito tan necesario para parar, compartir y sentirse en casa.
En el último Café de los lunes, varias familias de distintos centros y servicios se reunieron, como ya es tradición, para hacer lo que mejor saben: escucharse, apoyarse y tejer red. Porque cuando las experiencias se comparten, pesan menos… y suman mucho más.
Además, esta vez el encuentro tenía un toque especial. Con el Día del Libro a la vuelta de la esquina (23 de abril), el café se llenó también de creatividad. Entre conversación y conversación, las familias se animaron a crear sus propias libretas artesanales. Tijeras, papeles, hilos… y muchas ganas de hacer algo bonito con las manos (y con el corazón).
El resultado fue mucho más que unas libretas. Fue un reflejo de lo que pasa en cada encuentro: manos que ayudan, ideas que se mezclan, miradas cómplices y ese “yo te ayudo” que sale solo. Porque aquí nadie está solo, y eso se nota.
Entre risas, pequeños retos manuales y algún que otro “¿esto iba así?”, el grupo volvió a demostrar lo bien que se compenetran. Y es que estos cafés no solo sirven para compartir experiencias, sino también para crear recuerdos.
Nos quedamos con la imagen de mesas llenas de colores, conversaciones que fluyen y libretas únicas, como cada una de las personas que las ha hecho.
Porque al final, este Café de los lunes nos recuerda algo muy sencillo (y muy importante): compartir es el mejor punto de partida para construir juntos.
Nos vemos en el próximo