Envejecimiento en personas con discapacidad intelectual: claves compartidas en nuestra sesión con familias

En Madrid, a 2 de marzo del 2026.  En el Tejiendo Redes de febrero, celebramos a cargo de Alejandra Manteca, directora de Espacio Abierto, una sesión dirigida a familias sobre un tema que cada vez cobra mayor importancia: el envejecimiento en personas con discapacidad intelectual. El encuentro fue un espacio de reflexión, aprendizaje y diálogo, donde abordamos cómo acompañar esta etapa vital promoviendo bienestar, autonomía y calidad de vida.

Fácil lectura

Sesión formativa en el programa Tejiendo Redes

Dentro del programa Tejiendo Redes, las familias de AFANIAS participaron en una sesión formativa.
La sesión trató sobre envejecimiento de las personas con discapacidad intelectual.

La formación fue impartida por Alejandra Manteca, directora Espacio Abierto.

Objetivo de la sesión

El objetivo del encuentro fue ayudar a las familias a conocer mejor el envejecimiento de las personas con discapacidad intelectual.

Contenidos de la sesión

Durante la sesión se explicó, de forma sencilla:

  • como dar buenos apoyos
  • mantener saludables el cuerpo y la mente

  • planificar el futuro
  • señales de deterioro

 

Un espacio para compartir

Además de aprender, este espacio sirvió para encontrarse y escucharse.
Las familias compartieron experiencias, preocupaciones y aprendizajes.

También pudieron hablar con otras familias y con profesionales de AFANIAS.
Esto ayudó a reforzar los lazos y el sentido del programa Tejiendo Redes.

 

Un envejecimiento con apoyos, pero lleno de oportunidades

 

El envejecimiento es un proceso natural de cambios biológicos, fisiológicos y psicológicos que, en personas con discapacidad intelectual, puede aparecer antes, en torno a los 45 años, por lo que la prevención y el seguimiento son clave. En la sesión recordamos que envejecer implica una nueva etapa que requiere apoyos adaptados.

Se subrayó la importancia de las revisiones médicas periódicas, una buena alimentación y la actividad física ajustada a cada persona. Familias y profesionales debemos actuar como “detectives” para detectar pronto signos de envejecimiento o deterioro, que a menudo se manifiestan de forma atípica: más irritabilidad, inactividad, pérdida de apetito o problemas de sueño. Se presentaron nuevas formas de apoyo, evaluación e intervención para responder de manera integral a las necesidades de las personas mayores con discapacidad intelectual, así como de sus familias y profesionales de referencia.

Pequeños hábitos diarios pueden marcar una gran diferencia en la salud a largo plazo.

 

Mantener mente y vínculos activos

 

Otro eje central fue la estimulación cognitiva y social. Rutinas estructuradas, talleres ocupacionales y actividades de memoria y atención ayudan a mantener capacidades y reforzar la autoestima.

También se destacó la participación comunitaria: mantener amistades, participar en actividades del entorno y formar parte de asociaciones favorece el sentimiento de pertenencia y la inclusión.

En AFANIAS se desarrollan programas y actividades centradas en la persona para promover un envejecimiento activo, autonomía y calidad de vida, evitando la soledad no deseada y fomentando relaciones con iguales, como en Espacio Abierto, recurso de atención diurna para personas mayores con discapacidad intelectual en el barrio de Lucero.

 

Bienestar emocional y planificación de futuro

 

Sabemos que el envejecimiento suele afectar sobre todo a la memoria, el lenguaje, las habilidades visoespaciales, las funciones ejecutivas (planificación, toma de decisiones, flexibilidad, inhibición) y las habilidades motoras. A nivel conductual son frecuentes la apatía, la inactividad, la disminución de la atención, el interés y la motivación, así como la pérdida de iniciativa y el enlentecimiento en el procesamiento de la información. En el plano emocional aparecen cambios de humor, mayor fragilidad, irritabilidad y dificultades en la relación con los demás.

Las familias expresaron inquietudes ante cambios propios de esta etapa, como la jubilación, la pérdida de seres queridos o las modificaciones en la vivienda. De ahí la importancia de anticipar y acompañar emocionalmente estos procesos, generando espacios de escucha y apoyo.

 

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El papel clave de las familias

 

La sesión concluyó subrayando el papel esencial de las familias como principal red de apoyo. Cuidar al cuidador, buscar espacios de respiro y acceder a formación específica resulta clave para vivir esta etapa con más calma. El mensaje final: el envejecimiento activo es posible si se construye desde la prevención, la participación y el respeto a la individualidad. Con apoyos adecuados y trabajo conjunto entre familias, profesionales y comunidad, esta etapa puede vivirse con plenitud y dignidad.

 

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