Juegos Tradicionales
Madrid, 30 de septiembre de 2026. Hay cosas que por mucho que pasen los años nunca pasan de moda. Los pantalones vaqueros, la Nocilla, Shakira... Y los Juegos Tradicionales!
En uno de los talleres de la semana pasada estuvimos hablando de los juegos de nuestra infancia, de esas cosas sencillas con las que nos divertíamos cuando éramos pequeños. Y de entre esos recuerdos, se nos ocurrió dedicar un día a rescatar algunos de aquellos juguetes y juegos para sentirnos niños de nuevo.
Es por eso que el viernes pasado decidimos sacar las sillas al jardín, desempolvar esos juegos, (alguno dijo que los tuvo que recuperar un arqueólogo) y comprobar qué pasaba si nos juntábamos todos con esos entretenimientos de ayer y hoy. Bueno, más de ayer que de hoy.
Spoiler: pasaron cosas...
Fácil lectura
Madrid, septiembre de 2026. Hay cosas que por mucho que pasen los años nunca pasan de moda. Los pantalones vaqueros, la Nocilla, Shakira… y los juegos tradicionales.
En uno de los talleres de la semana pasada estuvimos hablando de los juegos de nuestra infancia, de esas cosas sencillas con las que nos divertíamos cuando éramos pequeños. Y de entre esos recuerdos, se nos ocurrió dedicar un día a rescatar algunos de aquellos juguetes y juegos para sentirnos niños de nuevo.
Es por eso que el viernes pasado decidimos sacar las sillas al jardín, desempolvar esos juegos, (que alguno consideraba que eran de la era de Atapuerca) y comprobar qué pasaba si nos juntábamos todos con esos entretenimientos de ayer y hoy. Bueno, más de ayer que de hoy.
Spoiler: pasaron cosas.
La idea era sencilla. Pasar un buen rato, pasar tiempo de calidad con compañeros de trabajo y disfrutar de una mañana tranquila y fresquita en nuestro jardín.
Esa era la idea. La realidad fue bastante diferente.
Bienvenidos a los Juegos Olímpicos de la Residencia
En cuanto aparecieron los primeros juegos, llegó la intensidad. Muchos de los residentes demostraron que tenían talentos ocultos. Y llegaron los piques. Aquello empezó a parecerse más a una competición europea que a una actividad de residencia. Faltó poco para que apareciese alguien con una antorcha olímpica y empezásemos a repartir medallas.
La primera prueba fue el diavolo. Algunos demostraron que todavía conservan habilidades manipulativas que creíamos perdidas. Otros conseguimos que el diavolo hiciera de todo en la cuerda menos lo que debía.
Algún valiente incluso se animó a lanzarlo por los aires. Por suerte no hubo heridos, aunque estuvo muy cerca.
La goma: aquí hemos venido a sufrir
Después llegó la goma.
Quienes hayan jugado alguna vez sabrán perfectamente de qué hablamos. Para los que no, consiste básicamente en saltar mientras dos personas sujetan una goma por los tobillos. El juego tampoco tiene mucho sentido y aun así el peligro de caída es alto. Todo mal. Por algún motivo que todavía nadie ha conseguido explicar, decidimos seguir adelante.
Al principio todo parecía sencillo, pero minutos después piernas por aquí, goma por allá, enredo de pies, y algún profesional intentando recordar cómo narices se hacía aquello.
La memoria es muy selectiva. Uno puede olvidarse de un juego de la infancia, pero acordarse perfectamente de canciones que hace décadas que no escuchamos. Por eso nadie era capaz de saber dónde poner los pies, pero sin embargo la letra de la cancioncilla la conocíamos todos.
Comba: Ay esa coordinación…
Y si la goma ya había empezado a poner a prueba nuestro equilibrio, con la comba directamente decidimos poner en riesgo nuestra integridad física. La integridad salió intacta, la dignidad ya no tanto.
Saltar, entrar, salir, volver a saltar…
Todo muy sencillo hasta que empieza el movimiento de la cuerda.
Ahí descubrimos que Alba tiene una coordinación espectacular y otras que, digamos, necesitan un poco más de entrenamiento.
Pero lo importante no era hacerlo perfecto. Lo importante era participar, echarse unas risas y, sobre todo, que nadie acabara dándose un latigazo.
Casi todos los objetivos cumplidos
Peonza: Hizo de todo menos bailar.
En estos juegos tradicionales no podía faltar la peonza. Muchos decían que sabían tirarla. Y efectivamente, tirarla se tiró muchas veces, pero bailarla ya era otra cosa.
Eso sí, una vez le pillamos el truco incluso Jorge consiguió cogerla con la mano.
Petanca: aquí se acabaron las risas
Llegó el momento de sacar las bolas de petanca.
Y aquí cambió el ambiente.
Hasta ese momento todo eran buen rollo y cachondeo. Pero apareció la pequeña bolita, se marcaron las distancias y de repente vimos caras de concentración que no habíamos visto en toda la mañana.
“Está más cerca la mía”.
“No, la mía”.
Y así nació la primera polémica de los Juegos Tradicionales.
En este punto hubo trampas, sobornos y piques, así que pasamos rápidamente al siguiente juego.
Palas, reflejos y alguna que otra persecución
Para terminar, sacamos las palas de playa.
La teoría era sencilla, hacer deporte dándole a la pelota, pero el mayor cansancio nos ha dado yendo a por ella y agachándonos a recogerla.
Aunque alguna sorpresa nos llevamos. Aquí la medalla de oro se la tuvieron que repartir entre Beni y Jose Luis, que tenían un control inesperado con la pelotita.
Todos nos lo pasamos genial viéndolos jugar. Bueno, todos menos Conchi, que no quería jugar a las palas por miedo a llevarse un pelotazo y decidió ponerse a salvo, sentadita en una silla y bien alejada. En un momento de despiste acabó llevándoselo igualmente
Lo mejor de estos días es que no hace falta montar un planazo para pasarlo
Los juegos tradicionales tienen algo especial. Nos permiten conocernos un poquito mejor, recordar cosas de nuestra infancia y descubrir que, aunque hayan pasado los años, seguimos teniendo ese espíritu competitivo (un poco excesivo en ocasiones).
Que si hay petanca de por medio, que nadie se acerque a decirnos que esto es solo una actividad tranquila.
Nos vemos en los siguientes Juegos Olímpicos de la Residencia.
Y que gane el mejor.
O el menos tramposo.
La idea era sencilla. Pasar un buen rato, tiempo de calidad con los señores y con compañeros de trabajo, y disfrutar de una mañana fresquita y tranquila en el jardín.
Esa era la idea. La realidad fue bastante diferente...
Antes de meternos en faena, era necesario hacer un pequeño calentamiento para que el cuerpo entrara en calor. A unos cuantos nos empezaron a crujir las articulaciones con los ejercicios de movilidad, y es que había algunos que hacía tanto que no nos movíamos que ya comenzamos a jugar cansados.
.jpeg?width=1536&height=2048&name=WhatsApp%20Image%202026-09-25%20at%2013.04.36%20(1).jpeg)
En cuanto aparecieron los primeros juegos, llegó la intensidad. Muchos de los residentes demostraron que tenían talentos ocultos. Y llegaron los piques.
Aquello empezó a parecerse más a una competición europea que a una actividad de residencia.
Faltó poco para que apareciese alguien con una antorcha olímpica y empezásemos a repartir medallas.
-jpeg-1.jpeg?width=1536&height=2048&name=WhatsApp%20Image%202026-09-25%20at%2013-04-36%20(3)-jpeg-1.jpeg)
Primero, el diávolo
Algunos demostraron que todavía conservan habilidades manipulativas que creíamos perdidas. Otros conseguimos que el diávolo hiciera de todo en la cuerda menos lo que debía.
Los más valientes incluso se animaron a lanzarlo por los aires. Por suerte, no hubo heridos, aunque estuvo muy cerca.
-jpeg.jpeg?width=1536&height=2048&name=WhatsApp%20Image%202026-09-25%20at%2013-04-36%20(4)-jpeg.jpeg)
La goma: aquí hemos venido a sufrir
Después llegó el turno de saltar la goma, bueno, quién supiera.
Los más veteranos sabrán perfectamente de qué hablamos. Para los que no, consiste básicamente en saltar mientras dos personas sujetan una goma con los tobillos. El juego tampoco tiene mucho sentido y aun así el peligro de caída es muy alto. Todo mal. Por algún motivo que todavía nadie ha conseguido explicar, decidimos seguir adelante con ello.
Al principio todo parecía sencillo, pero minutos después piernas por aquí, goma por allá, enredo de pies, y profesionales intentando recordar cómo se hacía aquello.
La memoria es muy selectiva. Uno puede olvidarse de un juego de la infancia, pero acordarse perfectamente de canciones que hace décadas que no escuchamos. Por eso nadie era capaz de recordar dónde poner los pies, pero sin embargo la letra de la cancioncilla la conocíamos todos.
-jpeg.jpeg?width=1536&height=2048&name=WhatsApp%20Image%202026-09-25%20at%2013-04-35%20(11)-jpeg.jpeg)
La comba y su correspondiente coordinación
-jpeg-1.jpeg?width=2048&height=1536&name=WhatsApp%20Image%202026-09-25%20at%2013-04-35%20(7)-jpeg-1.jpeg)
Y si la goma había puesto a prueba nuestro equilibrio, con la comba directamente decidimos poner en riesgo nuestra integridad física. La integridad salió intacta, la dignidad ya no tanto.
Saltar, entrar y salir. Todo muy sencillo hasta que empieza el movimiento de la cuerda. Ahí descubrimos que Alba tiene una coordinación espectacular y otros que, digamos, necesitan un poco más de entrenamiento.
Pero lo importante no era hacerlo perfecto. Lo importante era participar, echarse unas risas y, sobre todo que nadie acabara dándose un latigazo.
Casi todos los objetivos cumplidos 😅
Palas, reflejos y alguna que otra persecución
También sacamos las palas de playa. La teoría era sencilla, darle a la pelota, pero el mayor cansancio nos ha dado yendo a por ella y agachándonos a recogerla.
Aunque alguna sorpresa nos llevamos. Aquí la medalla de oro se la tuvieron que repartir entre Beni y José Luis, que tenían un control inesperado con la pelotita.
Todos nos lo pasamos genial viéndolos jugar. Bueno, todos menos Conchi, que se alejó por miedo a llevarse un pelotazo y se quedó sentadita en una silla bien alejada. De nada le sirvió, que en un despiste acabó llevándoselo igualmente.
-jpeg.jpeg?width=2048&height=1536&name=WhatsApp%20Image%202026-09-25%20at%2013-04-30%20(5)-jpeg.jpeg)
De la petanca mejor ni hablamos. En cuanto sacamos las bolas de la bolsita, aquello dejó de ser un simple juego y se convirtió en una cuestión de honor.
Todos queríamos ganar, acercar nuestra bola lo máximo posible (y de paso vacilar a los rivales). La tensión se podía cortar con cuchillo y la competitividad dio paso a las primeras trampas. Sí, sí, trampas en la petanca. Algo increíble. A esas alturas aquello ya no era un juego y era un campeonato.
Estos juegos tradicionales pasaron a ser Olimpiadas en toda regla. Las fotos lo demuestran:
Jorge flipando con los malabares de Beni
Julio demostrando los años de práctica
César felicitando a Alberto por su olímpica actuación
Lo mejor de nuestra Resi es que no hace falta montar un planazo para pasarlo bien, porque una simple mañana de juegos hacen que pasemos un día especial. Nos permite conocernos un poquito mejor, sentirnos niños de nuevo y descubrir que aunque hayan pasado los años, seguimos teniendo ese espíritu competitivo que tan vivos nos hace sentir.
Nos vemos en los siguientes Juegos Tradicionales Olímpicos de la Residencia.
Y que gane el mejor....
…o el menos tramposo 😅